El Congreso del Estado de Guerrero otorgó la máxima presea anual de esa soberanía al Presidente Juan Evo Morales el 13 de septiembre de 2006. En histórica ceremonia realizada  en la iglesia catedral de Chilpancingo, sitio donde, en 1813, el libertador José María Morelos instaló la I Convención de Anáhuac, el embajador Jorge Mansilla Torres recibió la valiosa presea de plata “Sentimientos de la Nación” en presencia de las máximas autoridades de los tres poderes –el gobernador (Ejecutivo) Zeferino Torreblanca, el abogado (Judicial) Edmundo Román Pinzón y el diputado (Legislativo) José Ignacio Donoso Torres.

Luego, ante los 54 diputados de Guerrero y el millar de personas invitadas, el embajador pronunció este discurso:

 

 

Señor gobernador de Guerrero, Zeferino Torreblanca. Señor presidente del H. Congreso, Dip. Fernando José Donoso Pérez, Señores parlamentarios de la Quincuagésima Octava Legislatura de esta soberanía, Distinguidas autoridades e ilustres invitados

 

Señoras y señores:

 

El presidente Evo Morales Ayma me ha pedido manifestar ante ustedes tres sentimientos que lo embargan: su gratitud, su pesar y su promesa.

 

Nunca en su vida de activista político, y por primera vez en su calidad de presidente de Bolivia, un país extranjero le había otorgado una condecoración de tanta validez histórica y significación política como es la presea "Sentimientos de la Nación" que esta soberanía mexicana le concedió la semana pasada. y por eso les externa su agradecimiento.

 

Debido al breve tiempo existente entre el fausto día en que fue designado recipiendario de la presea hasta esta magna fecha, y también por la suma de compromisos agendados para estas fechas en Guatemala, cuba y Estados unidos, el presidente Evo Morales no pudo venir a Chilpancingo y ese su pesar se manifiesta en su petición de que lo disculpen.

 

En efecto, el mandatario de mi patria se encuentra desde ayer en Guatemala junto a la compañera Rigoberta Menchú, participando en la séptima Asamblea de Fondos para el Desarrollo de los pueblos de América Latina y el Caribe. Mañana día 14 y el 15 estará en Cuba, junto a otros 50 gobernantes, en la Décimo cuarta cumbre de los países no Alineados, y el sábado 16 intervendrá en la 61ava Asamblea General de Naciones unidas, en el Foro sobre Migraciones Internacionales y Derecho.

 

Necesito, señores, hacer estas puntuales precisiones para despejar cualquier duda o motivación contraria acerca de la intención de Evo para estar en Chilpancingo. Simple y llanamente las fechas coincidieron.

 

El presidente de Bolivia me ha encargado decirles que cuando venga a México, invitado como está por ustedes, por el gobierno de la Ciudad de México, por el gobierno de Michoacán, por ciertas facultades de la UNAM y por 13 organizaciones indígenas y populares, tendrá la alegría de estar aquí para retribuirles el honor que le dan, para revivir la significación de este solemne evento aquí, en la Catedral de Santa María de la Asunción, que es donde se instaló el primer congreso de Anáhuac, convocado en 1813 por el Generalísimo José María Morelos y Pavón.

 

Los bolivianos sabemos que en esta ciudad de Chilpancingo fue debatido y suscrito el documento "sentimientos de la Nación", que reforzó las tesis y directivas revolucionarias para las luchas de independencia de nuestra América, casi en el mismo tenor de la proclama de la Junta Tuitiva de La paz, en julio de 1809.

 

Sabemos los bolivianos que Chilpancingo fue el punto de arranque de la campaña de los insurgentes por la Independencia, la guerra de liberación nacional sostenida por los surianos tan tercamente apegados a esta identidad territorial, a la construcción espacial encabezada por Morelos, Vicente Guerrero, los Galeana, los Bravo, Álvarez y tantos patriotas desvelados que anduvieron por esta accidentada geografía y la hicieron refugio y guarida para la insurrección contra el despotismo colonial.

 

El libertador Morelos fue arriero en su juventud, como Evo, arreador de llamas y utopías. Los arrieros conocen la patria caminando sus paisajes de desolación y deslumbramiento. Palpando sus riesgos y sus riquezas.

 

En este actual estado de Guerrero confluyó la diversidad étnica más compleja del México precortesiano; éste fue el remoto asiento de claros grupos sociales y culturales,  arrieros también de su destino,  como los cuitlatecos, yopes, tlapanecos y coixcas, con la misma tesitura de apego geográfico con la hoy Bolivia fueron los aimaras, quechuas, tupí gueraníes, uru pukinas y otras 34 naciones originarias.

 

Pero a diferencia de lo ocurrido aquí,  donde la República supo y pudo asimilar, cierto que con algunos traumas,  a los diversos grupos étnicos surianos, los indígenas de Bolivia no corrieron con la misma suerte. La república fundada en 1825 los segregó,  los mantuvo postergados, reducidos al desprecio, al más alevoso olvido.

 

Aunque los primeros levantamientos indígenas contra el colonialismo español corrieron en temprano siglo 17 –en la terrible soledad de los socavones del cerro de Potosí, en ese coloso de plata pura que se lavaba con la sangre de los indios esclavos llamados mitayos-, aunque millares de ellos ardieron en fiebres y tronaron en muerte para que su patria de origen sea de nuevo libre y digna,  la República no los tomó en cuenta como ciudadanos, ni siquiera como seres humanos.

 

Pero los indios bolivianos no se dejaron acorralar en el tiempo ni el espacio de la resignación ante las roscas coloniales y las oligarquías republicanas.

 

En 1781, por ejemplo, el aimara Túpac Katari cercó con cien mil indígenas la ciudad de La Paz durante siete meses. ¿Qué quería ese indio? La proscripción de la esclavitud para siempre (mandato escrito en el numeral 15 de los sentimientos de la nación), pedía que cese la explotación del hombre en las minas y que se quite la infinidad de tributos, gavelas y alcabalas (el numeral 22 de ideario escrito aquí por Morelos).

 

Traicionado por un mestizo, Túpac Katari fue condenado a morir por descuartizamiento. Antes de que los caballos le arranquen las manos y los pies, aquel ser altivo gritó a sus opresores y a la Historia: ¡volveré, y seré millones! Tal juramento se cumplió 225 años después, en diciembre del año pasado, cuando sin disparar un tiro ni derramar sangre de nadie, los indios de Bolivia volvieron con su identidad mayoritaria y ganaron el gobierno.

 

Lograron hacerse de la presidencia usando escrupulosamente el instrumento de la democracia occidental, el voto, vigilaron que no les transen los resultados y así supieron que con los métodos de sus opresores, los k´aras, con las elecciones, ellos eran mayoría democrática y podrían marcar de aquí para adelante los nuevos rumbos de Bolivia.

 

Pusieron al Evo en la presidencia. Y ahí están ellos, pendientes de que nadie les vuelva a torcer el destino de libertad y justicia social a que tienen derecho. Por eso convocaron a la Asamblea constituyente, para replantear la patria, reordenarla con el espíritu incluyente, democrático y participativo que se necesita para convivir entre gentes.

 

No es fácil. En su desesperación, porque ya no podrán ser gobierno sino mediante golpes militares y/o fascistas, los derrotados democráticamente están montando la plaza del sacrificio republicano.

 

Quieren descuartizar la nación, quieren partirla en pedazos autonómicos para repartirse la riqueza que ya no tendrán, para hacerse de los beneficios del gas nacionalizado por Evo Morales, por ejemplo. El proyecto separatista que en estos días empujan los resentidos no ha de ser. Bolivia ha de seguir siendo ella: única, indivisible y unida.

 

Nadie invadirá Bolivia. Nos ampara la fuerza del numeral 20 escrito por Morelos y que los bolivianos tomamos como amparo y orden: Que las tropas extranjeras o de otro Reino no pisen nuestro suelo.

 

Señoras y señores diputados de Guerrero: con la gratitud, madre del amor -porque se ama lo que se agradece-, el gobierno y el pueblo de Bolivia reciben esta presea de ustedes y les ofrecen su corazón, su lealtad y su reconocimiento.

 

Es triste para mí, en lo personal, que Evo Morales no esté en este sagrado lugar, sede del nacimiento de la República Mexicana, pero voy a decir sus palabras en el quíchua que él y yo hablamos.

 

Señores diputados, desde el fondo de nuestro corazón deseamos para ustedes tiempos con más ventura y lucidez solar.

wiracochas diputadus, sonckonchis uccumanta pacha kankunapac munaycu aska allin puncchayta tata Inti kanchayninwan.

 

Todos nosotros, bolivianos suspirantes, postulamos para este pueblo de Chilpancingo, para esta región de Guerrero, tiempos de plenitud amparados en el trabajo y en la justicia social.

 

Tucuy ñocanchis, Bolivia markamanta, maskayku cay Chilpacingu llajtapac, cay Guirriru markapac, sumaj causayta, cusiy wiñayta, aska llankaywan.

 

Pachi, gracias. Pachi pachi, wiracochas, muchas gracias, señores.

 

Causachun Guirriru, que viva Guerrero. Jallalla México, que viva México.